 La parte mexicana mide trescientos kilómetros, y más de mil en su
totalidad. En muchas de sus secciones alcanza grandes profundidades, lo
cual no es común, pero aquí, gracias a que el agua es muy transparente,
sí alcanza a llegar la luz solar, que es indispensable para el
crecimiento coralino. El Gran Arrecife Maya no sólo es un escenario de
carbonato de calcio y un divertido multifamiliar de la vida marina
donde conviven flora y fauna en un estallido de colores y formas que se
mecen al vaivén de las corrientes, sino que también sirve de barrera al
oleaje provocado por el paso de tormentas y huracanes, lo que favorece
en tierra firme el desarrollo de plantas, dunas y manglares.
|